El primer acto público en la vida de Sansón demuestra cuán crucial es el primer paso. No podemos subrayar demasiado la relevancia de esto. El primer paso es el más difícil de dar, pero también el más decisivo, porque abre el curso de todos los que vendrán después. Para un joven que está por comenzar una carrera de servicio al Señor, es absolutamente esencial que ese primer paso sea en la dirección correcta. Consideremos el primer paso de Sansón –¡y qué paso fue! –, el cual lo llevó a un camino descendente.
Por eso resulta tan significativo lo que leemos respecto a Sansón: “Descendió Sansón”. Su primer paso fue descendente, bajó a Timnat y allí vio a una mujer filistea. El primer paso de su vida pública fue, por tanto, una alianza con los enemigos de Dios.
Aquí vemos a un hombre cuyo testimonio debía estar caracterizado por la separación. Sin embargo, lo primero que hace es vincularse con aquello de lo que debía mantenerse apartado. Así, en un solo paso, deshizo la base de todo su testimonio. Un hombre que puede acoger a un filisteo en su corazón no puede dar un testimonio claro contra ellos.
Apliquemos esto a nuestra vida en relación con este mundo. ¿Cómo podrá alguien dar testimonio fiel contra el mundo si en su interior ha hecho espacio para él? Cuántos hay que desean sinceramente consagrarse a Dios, pero su primer paso los ha vinculado con un sistema opuesto a Su voluntad. ¿Cómo puedo luchar contra los filisteos si convivo con uno? ¿Cómo puedo mantener un testimonio certero contra un sistema con el que me he identificado estrechamente?
Mantener una posición de separación es algo que cuesta y duele. Sin embargo, con este primer paso, Sansón echó por tierra todo su testimonio y comprometió su llamamiento. Nunca recuperó plenamente lo que perdió al dar este paso.