Los caminos de Dios siempre conducen al cumplimiento de sus propósitos y consejos. El Señor había llamado a Moisés para que sacara a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Antes de comenzar ese camino, el pueblo halló refugio en la sangre del cordero pascual, mientras Dios los santificaba para sí. Los separó de la corrupción e idolatría que dominaban el mundo, y los puso en marcha hacia la Tierra Prometida.
Al otro lado del Mar Rojo, entonaron el primer cántico registrado en la Biblia, encabezado por Moisés y seguido por las mujeres bajo la dirección de su hermana María (véase Éx. 15:20-21). Este cántico fue entonado después de la liberación, como respuesta a la gran obra de salvación de Dios. Aunque los planes divinos recién comenzaban a desplegarse, Moisés ya miraba hacia el futuro: por la fe vio al pueblo en la tierra, guiado por la bondad y el poder de Dios, disfrutando de su herencia bajo Su gobierno (véase Éx. 15:13-18). ¡Qué maravilloso!
El último cántico de la Biblia también es llamado “el cántico de Moisés”, y da toda la gloria a Dios por lo que él ha hecho. Cuando este cántico se entone, Israel y las naciones aún no habrán entrado en la plenitud del reino del Mesías, pero lo verán por fe. Como los cantores en la visión, anticiparán el cumplimiento final de los propósitos divinos. Reconocerán los maravillosos caminos de Dios que los han conducido hasta allí. El Israel restaurado será cabeza de las naciones, y todas las naciones honrarán al Señor y recibirán bendición a través de él. El cántico de Moisés celebra las grandes y portentosas obras de Dios, y sus caminos justos y verdaderos para cumplir sus propósitos. El cántico de Moisés y el del Cordero se entrelazan: Cristo será por siempre el tema de la alabanza de los redimidos –lo es para nosotros ahora y lo será para Israel en el siglo venidero.