La Buena Semilla: Miércoles 30 Septiembre
Miércoles
30
Septiembre
Curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo : Paz, paz ; y no hay paz.
Jeremías 6 : 14
El Señor… sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.
Salmo 147 : 2-3
Un vendaje improvisado

Al final del día me hice una profunda herida con el filo de una herramienta. Tenía prisa ; una cura rápida debería bastar para proteger la herida… Pero pronto la infección se extendió bajo este vendaje improvisado.

A menudo sucede lo mismo en el ámbito espiritual. La herida hace referencia al pecado que nos alcanza a todos. Podemos vendarla ligeramente, para tratar de disciplinarnos y de escoger mejores orientaciones. También podemos confiar en una religión que promete una paz que descansa en diferentes creencias de ciertos jefes religiosos. O incluso podemos esforzarnos en olvidar el problema, al igual que una venda esconde una herida.

Pero el profeta Jeremías concluye : “No hay paz”. El remedio es incluso peor que el mal, pues favorece la propagación de la infección. Quizá tratemos de convencernos de que al final todo se solucionará : “Veamos, no soy peor que otro ; el buen Dios seguramente terminará salvándome”. Esta actitud tiene el gran inconveniente de estar en oposición a lo que declara la Palabra de Dios : “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3 : 36).

La única manera de ser sanado, salvo, es depositar su confianza en Jesucristo, el divino médico del alma. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1 : 9). “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (Salmo 103 : 3).

Amós 1-2 - Tito 1 - Salmo 108 : 7-13 - Proverbios 24 : 11-12