La Buena Semilla: Jueves 17 Septiembre
Jueves
17
Septiembre
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar ; sobre ti fijaré mis ojos.
Salmo 32 : 8
La escuela de Dios

Jesucristo me buscó y me salvó. Desde ese momento le pertenezco y estoy en su escuela. Él me dijo : “Aprended de mí” (Mateo 11 : 29), y lo necesito. “¿Qué enseñador semejante a él ?” (Job 36 : 22). “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9 : 25).

Día tras día, leyendo su Palabra, descubro lo que soy y mi ignorancia, pero sobre todo aprendo a conocerlo a él, su dulzura, su paciencia. Si a veces puedo decir : “sé…”, entonces oigo su voz : “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13 : 17). Él sabe ponerme a prueba.

Por ejemplo, es posible que hoy deba superar un examen de paciencia. Poco importa el problema que se me presente o el medio que el Señor emplee. Quizá sea un contacto con una persona que tiene un carácter difícil, un niño inquieto o una serie de pequeñas contrariedades. Si no estoy lo suficientemente preparado mediante la oración y la simple confianza en Dios, ni siquiera me daré cuenta de que se trata de un examen. Solo veré las circunstancias adversas y no la mano divina y sabia que desea hacerme experimentar sus liberaciones.

Dios es fiel, él es quien mide la dificultad de la prueba y da la fuerza para sobrellevarla. Él sabe cuándo se aprendió la lección (1 Corintios 10 : 13).

Una razón por la cual el cristiano es dejado en la tierra es porque está en la escuela de Dios. Fue el motivo por el cual Israel -pueblo terrenal de Dios- tuvo que errar cuarenta años antes de entrar en un país que estaba tan solo a once días de camino. El significado de este camino errante es : aprender a conocerse a sí mismo y a conocer a Dios. Esta doble lección dura toda la vida.

Jeremías 49 : 1-22 - 2 Corintios 6 - Salmo 106 : 6-12 - Proverbios 23 : 17-18