La Buena Semilla: Domingo 30 Junio
Domingo
30
Junio
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado ? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor ?
Salmo 22 : 1
(Dios) no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.
Romanos 8 : 32
Dios no escatimó a su propio Hijo

La vida del Señor Jesús estuvo marcada por la obediencia a Dios su Padre. Él no obedecía por obligación sino por amor a Dios. Avanzando hacia la cruz, dijo : “Para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14 : 31). Obediente, se dejó crucificar dando su vida por hombres culpables. Así proclamó delante del mundo entero su amor por su Padre y por nosotros. Él fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2 : 8). Ningún amor humano puede compararse al amor del Padre por el Hijo y del Hijo por el Padre.

Este amor condujo al Señor Jesús a la cruz. Para poder perdonar nuestra culpa, Dios exigía un rescate. Por lo tanto Jesús cargó con nuestros pecados ; Dios mismo lo golpeó, “por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5 : 21). Como lo anunció el profeta Isaías, Jesús “herido fue por nuestras rebeliones… el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53 : 5-10).

En esas horas de angustia indecible, Jesús se volvió hacia el Dios a quien amaba y en quien confiaba. Pero Dios, el Dios santo, abandonó a su Hijo cargado con nuestros pecados. Y Jesús clamó a gran voz : “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado ?” (Mateo 27 : 46).

Dios nos dio a su Hijo. Quien cree que sus pecados fueron expiados en la cruz puede decir : “El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2 : 20). Sí, “Dios es amor” (1 Juan 4 : 8).

Daniel 3 - 1 Juan 2 : 1-17 - Salmo 78 : 9-20 - Proverbios 18 : 11-12