La Buena Semilla: Jueves 9 Septiembre
Jueves
9
Septiembre
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Efesios 4 : 31-32
El agua de la roca : La ira de Moisés (2)
Éxodo 17 : 1-7 ; Números 20 : 8-11

Estando todavía en el desierto, el pueblo habló nuevamente contra Moisés porque no había agua. Pero Dios cuidaba a la multitud y quería darle de beber. Entonces dijo a Moisés : “Hablad a la peña a vista de ellos ; y ella dará su agua”. Esta vez Moisés debía hablar a la roca. No era necesario golpearla una segunda vez. Jesucristo “padeció una sola vez por los pecados” (1 Pedro 3 : 18) ; no era necesario repetir su muerte. ¿Qué hizo Moisés ? El pueblo lo había irritado y acusado sin razón. Entonces se enojó y levantó la voz : “¡Oíd ahora, rebeldes ! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña ? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces ; y salieron muchas aguas”. No dio la gloria a Dios ; procedió como si fuesen él y Aarón quienes hicieron salir el agua. Con ira golpeó la peña dos veces.

A veces perdemos el control de nosotros mismos. Por ejemplo, un hijo, un compañero de trabajo o un vecino nos provoca con su actitud. El tono sube… y hay comportamientos que después lamentamos. En privado, Dios castigó a Moisés por haber actuado de esa manera ; pero frente a la multitud, ¿los privaría del agua ? No, pues la gracia de Dios y su paciencia no tienen límite. La roca, aunque no tenía que ser golpeada, dio su agua.

Si la ira nos llevó a decir palabras o a tener comportamientos inapropiados, confesémoslos a Dios y a las personas ofendidas. Su gracia viene al encuentro de nuestra debilidad. Su amor es inagotable. El agua fluye y nos refresca.

2 Crónicas 25 - 1 Corintios 15 : 1-28 - Salmo 104 : 19-26 - Proverbios 22 : 29