El Señor está cerca: Domingo 3 Diciembre
Domingo
3
Diciembre
Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
Mateo 3:16
Los cielos abiertos

Se podría escribir un libro sobre este pasaje. Por primera vez en la Biblia, ¡los cielos se abren para un Hombre en la tierra! El Espíritu Santo se identifica con este Hombre (que al mismo tiempo es Hijo eterno de Dios) al descender sobre él en forma de paloma, y se oye la voz del Padre decir: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17). ¡Qué misterios tan benditos nos son revelados! ¡Y qué modelo tan perfecto es puesto ante los ojos de la fe! ¡Adorémosle!

Después de su vida de servicio, muerte, sepultura y resurrección, el Señor Jesús ascendió al cielo y Dios le dio un lugar de honor. Aquel que había sido el centro de interés del cielo mientras estuvo en este mundo, ahora era recibido en la gloria. Allí se convirtió en el centro de atracción de su pueblo en la tierra. La posición actual de Cristo es el fundamento sobre el que los cristianos tenemos libre acceso a Dios. También es porque Cristo está glorificado que los creyentes serán arrebatados al cielo. Un pueblo celestial (actualmente sobre la tierra) será introducido en el cielo donde tendrá lugar la cena de las bodas del Cordero (Ap. 19:7-10). Después, los cielos se abrirán para el juicio (vv. 11-21). ¡A los que hoy rechazan el ofrecimiento de la gracia de Dios, no se les ofrecerá una segunda oportunidad!

El reino de mil años, reinado de paz, será la última ocasión en la que los cielos estarán abiertos. Muchos profetas lo han indicado, y fue confirmado por el Señor a Natanael (Jn. 1:50-51). Como el Hijo del hombre, Jesús será el centro de todo el universo y el vínculo entre el cielo y la tierra; los ángeles subirán y descenderán sobre él, dando paso a un despliegue continuo y público de bendiciones, una corriente de oraciones y respuestas que se elevará hacia el cielo, y una corriente de bendiciones que descenderá del cielo.

Alfred E. Bouter