El Señor está cerca: Domingo 15 Octubre
Domingo
15
Octubre
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
1 Pedro 2:9
Representar a Cristo en este mundo

Pedro les dice enfáticamente a estos cristianos judíos que, a diferencia de los hombres desobedientes, ahora eran, como cristianos, un “linaje escogido”, un “real sacerdocio”, una “nación santa” y un “pueblo adquirido”. Con esto hace referencia a lo que Dios le había dicho a Israel en Éxodo 19:6: “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”. Dios amaba a Israel, los había sacado de Egipto y quería tenerlos de forma especial como posesión suya, pero nunca cumplieron el deseo de su corazón. Así que los dejó de lado y ahora tiene un nuevo pueblo, formado por todos los creyentes cristianos, tanto israelitas como gente de las naciones.

Dios siempre ha querido habitar en medio de su pueblo, y por eso nos ha hecho una “casa espiritual” (1 P. 2:5), un templo en el que él habita por el Espíritu (cf. Ef. 2:21-22). Él quiere un pueblo cercano a sí mismo, y por eso también somos un “sacerdocio santo”, sacerdotes que pueden llegar a su presencia con “sacrificios espirituales” (1 P. 2:5). No quiere ser un Dios distante.

En las epístolas de Pedro, leemos acerca de dos sacerdocios. Uno es el “sacerdocio santo”, y el otro es el “real sacerdocio”, el cual busca representar a Cristo ante los inconversos de este mundo. Debemos mostrar las alabanzas, las virtudes y las excelencias de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a la luz. Hemos de representar a Cristo aquí ante un mundo incrédulo, para que puedan ver lo precioso y deseable que él es.

Cristo está ahora oculto en el cielo y el mundo no puede verlo, pero los hombres deberían poder verlo en nosotros. Se nos deja en la tierra para que reproduzcamos a Cristo en nuestras vidas y así pueda ser visto y conocido por aquellos que aún no lo conocen. No podemos hacerlo por nuestras propias fuerzas, pero él puede hacerlo en nosotros.

Steve Labelle