La Buena Semilla: Jueves 23 Abril
Jueves
23
Abril
Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.
Job 42:3-5
Job

La historia de Job, relatada en la Biblia en el libro que lleva su nombre, es extraña. Era un hombre de una conducta ejemplar, recto, generoso y lleno de compasión por los pobres. También era “temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 2:3). Y súbitamente perdió no solo todos sus bienes, sino también a sus hijos y su salud. A todos estos sufrimientos se añadieron los causados por las insinuaciones y las acusaciones de sus amigos.

Hoy nuestras palabras también pueden ser habladurías para los que sufren. ¡Cuántas palabras se dicen para romper el silencio! Job, herido en su espíritu, proclamaba su inocencia en medio de sus desgracias. Sus amigos le repetían: Dios te castigó porque lo mereces, pues Dios recompensa a los buenos y castiga a los malos. Job rechazó esta visión de las cosas. Él no solo no había cometido una falta particular, sino que también constató que otros justos sufren (cap. 12:4), y que mucha gente mala tiene una vida próspera (cap. 12:6; 21:7-15).

Job sabía que Dios existe y trataba de obedecerle. Entonces, ¿por qué recibió este mal, este sufrimiento? ¿Por qué Dios se mantuvo en silencio? Job interpeló a Dios y le pidió que le mostrara el porqué de esta situación. Dios respondió personalmente a Job y le mostró que Él, el Creador, se ocupa de cada una de sus criaturas. Job lo conoció más de cerca y experimentó que Dios “es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). A veces Dios guarda silencio, pero no está ausente en nuestros días sombríos. ¡A veces hay que callar para conocerlo mejor!

Isaías 34 - 2 Pedro 3 - Salmo 47 - Proverbios 14:9-10