La Buena Semilla: Jueves 12 Marzo
Jueves
12
Marzo
El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto... al rico no le deja dormir la abundancia.
Eclesiastés 5:10, 12
Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo.
1 Timoteo 6:9
Un mal cálculo

El evangelio de Mateo (cap. 19:16-26) nos habla de un joven rico con una moral ejemplar. ¿Qué le faltaba? Lo esencial: la vida eterna. Estaba delante de aquel que la da, Jesús, el Hijo de Dios, quien le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mateo 19:21). Entonces, dejando a Jesús, se fue triste. Sus riquezas le impidieron confiar plenamente en Jesús y recibir la vida eterna.

Para los creyentes, amar el dinero puede contaminar toda su manera de pensar, sean ricos o pobres. Ser rico no es malo en sí. Lo malo consiste en poner la confianza en las riquezas antes que en Dios, quien las da, y ponerlas por encima de los intereses del alma. Esto fue lo que Jesús puso en evidencia en el corazón del joven.

Cuando se ama el dinero, se corre el riesgo de descuidar las virtudes cristianas esenciales: la fe, la esperanza y el amor.

La fe es puesta de lado cuando ponemos nuestra confianza en las riquezas.

La esperanza se debilita. ¿Por qué desearíamos el regreso del Señor Jesús si nos encontramos bien en la tierra?

El amor por el Señor se enfría. “Los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas... entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:19). La abundancia puede volvernos egoístas. Es más difícil ponernos en el lugar de los necesitados cuando no nos falta nada. El amor hacia los demás disminuye. “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmo 62:10).

Éxodo 24 - Hechos 17:16-34 - Salmo 32:5-7 - Proverbios 11:13-14