La Buena Semilla: Miércoles 20 Noviembre
Miércoles
20
Noviembre
La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
2 Corintios 7:10
Tristeza positiva

¡Sí, hay una tristeza positiva, que incluso desemboca en el gozo! El que toma conciencia de sus faltas se siente apesadumbrado. Esta tristeza resulta del mal que uno descubre en sí mismo. Está unida al horror que sentimos a causa de nuestro propio pecado. Esta tristeza es aún más intensa, si comprendemos cuánto tuvo que sufrir el Señor Jesús para borrar nuestros pecados delante de Dios. Pero este sentimiento nos impulsa a abandonar nuestra mala conducta, a ir a la luz divina, a dar a nuestra vida una nueva dirección: es el arrepentimiento.

Al contrario, “la tristeza del mundo” a menudo es el miedo a las consecuencias por el mal que hemos cometido, y no el odio al pecado. Es, en el fondo, un sentimiento egoísta que no produce un “arrepentimiento para salvación”. Es la tristeza que “produce muerte”.

Abrumado por el temor a las consecuencias de su falta, uno se queda centrado en sí mismo, cargado con su propia culpa. En lugar de ir al Señor y confesar sus faltas, uno huye, se aleja y entra en un estado mórbido.

Pero el que va al Señor sabe que no será rechazado. Con bondad, Jesús lo recibe y lo lleva a una sanación completa. Entonces el pecado le parece una terrible esclavitud, en contraste con la gracia del Señor, que libera del pecado; este es abandonado; su raíz es descubierta y juzgada. El alma es purificada; ¡la alabanza puede brotar!

“El que mira atentamente en la perfecta ley... y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:25).

Job 24 - Hebreos 10:1-18 - Salmo 129 - Proverbios 28:5-6