La Buena Semilla: Domingo 7 Julio
Domingo
7
Julio
Él (Jesucristo) es la imagen del Dios invisible.
Colosenses 1:15
Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
2 Corintios 4:6
Nunca he visto a Dios

Un colega de trabajo, queriendo justificar su incredulidad, me dijo con ironía: «¿Dios? ¡Yo nunca lo he visto!». No hay nada extraño en esto. Para el hombre, criatura limitada, ver a Dios es inconcebible, porque Dios es infinito. Por la revelación bíblica sabemos que Dios es Espíritu, y que nadie lo ha visto nunca (Juan 1:18). El hombre es incapaz de conocer a Dios por sí mismo. Sin embargo, Dios se revela permanentemente en la naturaleza que él creó, la cual está ante los ojos de todo hombre.

Al comienzo de la humanidad, él se relacionó con los hombres y con un pueblo. Sin embargo, seguía siendo un Dios distante, cuya grandeza atemorizaba. Luego se dio a conocer por medio de Jesucristo, su Hijo unigénito. Cuando uno de sus discípulos, Felipe, dijo a Jesús: “Muéstranos el Padre”, el Señor le respondió: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre... ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” (Juan 14:8-10). “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), había declarado antes. Cristo, tomando la naturaleza humana, abrió a los hombres un camino hacia Dios. Hoy Dios se revela a todos los que creen en su Palabra. Ella fue escrita por fieles hombres de Dios, inspirados por el Espíritu Santo. La Biblia es la carta de Dios para la humanidad. Es el mensaje del Dios de verdad que vino a traer la luz, a asir nuestros corazones que aún están en las tinieblas. Si esta luz es recibida, da vida, es decir, una verdadera relación con él: les da “potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Daniel 9:1-19 - Lucas 1:1-25 - Salmo 79:8-13 - Proverbios 18:23-24