La Buena Semilla: Miércoles 26 Junio
Miércoles
26
Junio
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
1 Corintios 13:11
Así dice el Señor:... Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.
Isaías 66:12-13
¿Dónde está mi trapito?

Como la mayoría de los niños, mi pequeño Arturo tiene un «trapito» que atesora. Ese pedazo de tela, raído y sucio, tiene un valor inmenso para él. Lo usa para dormirse y tranquilizarse. ¡Pero esta noche nadie encuentra el trapito! Arturo llora desconsolado.

¿Qué hacer? ¿Reprocharle su tristeza? ¿Tratar de explicarle que ese ordinario pedazo de tela no tiene ningún valor? ¿Pedirle que deje de llorar y sea razonable como un adulto? ¡En absoluto! Yo, su mamá, buscaré por todos lados su valioso trapo, porque mi deseo ante todo es consolarlo. Cuando él sea más grande, aprenderá a despegarse de su tesoro. Pero ahora es muy pequeño para comprender. A su edad, la pérdida de su trapo le causa gran dolor.

Amigos cristianos, nos dirigimos a Dios para hablarle de cosas importantes. Pero muy a menudo tememos hablarle de nuestras pequeñas angustias. No nos atrevemos a hacerlo porque pensamos que son insignificantes y que Dios nos reprochará la importancia que les damos. Es cierto que debemos crecer en la fe para estimar las cosas como él lo hace. Pero estamos ante un “Padre de misericordias” y un “Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3). Él no subestima nuestras penas cotidianas. En nuestra pequeña medida, ellas son importantes, y Dios lo sabe.

Él valora nuestras confidencias, aun cuando lo sabe todo. Hablemos con él de todo lo que nos turba, con la confianza de un niño.

2 Reyes 25 - 2 Timoteo 2 - Salmo 76 - Proverbios 18:4-5