La Buena Semilla: lunes 24 diciembre
lunes
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diciembre
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
Juan 1:14
El Verbo hecho carne

El Hijo de Dios, la Palabra eterna, quien no solo tomó una apariencia humana, sino que vino a ser un hombre, es la gloria y el misterio del Evangelio. El que existía desde toda eternidad entró en el tiempo y en la historia. Conoció todo lo que conlleva la condición humana, excepto el pecado. Se regocijó, sufrió, lloró, “tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17).

El Verbo “habitó entre nosotros”. Aquí la expresión «habitar» se deriva de la palabra “tienda” o “tabernáculo”. Evoca el tabernáculo construido en el desierto para que Dios morase en medio de su pueblo (ver Éxodo 25:8-9). El que estaba entre los hombres, Jesús, era Emanuel (“Dios con nosotros”). Aparentemente nada distinguía a Jesús de otra persona. Sin embargo, era Dios mismo quien andaba “haciendo bienes” (Hechos 10:38), se acercaba a los que sufrían, liberaba a los poseídos por el diablo, sanaba a los enfermos, tomaba a los niños en sus brazos.

No todos los que tuvieron contacto con Jesús cuando estaba en la tierra creyeron en él. Pero algunos discernieron especialmente la grandeza del Hijo unigénito del Padre. Juan el Bautista declaró: “Yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (Juan 1:34). Ante una pregunta clara de Jesús, Pedro le respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Aún hoy, si escuchamos a Jesús, el Verbo hecho carne, conoceremos la acción eficaz de la gracia y de la verdad para recibir la vida eterna.

Jueces 15 - Apocalipsis 17 - Salmo 146:8-10 - Proverbios 30:21-23