La Buena Semilla: viernes 21 diciembre
viernes
21
diciembre
Al Señor tu Dios temerás... Él es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios.
Deuteronomio 10:20-21
Estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.
Lucas 24:53
La alabanza

La invitación a alabar a Dios es como un hilo de oro que atraviesa toda la Biblia. La alabanza estaba presente en la creación, cuando los ángeles se regocijaban (Job 38:7); llenó el corazón del pueblo agradecido después de la milagrosa travesía por el Mar Rojo (Éxodo 15), y la vemos cada vez que Dios libera a su pueblo.

Cuando Jesús nació, repentinamente apareció una multitud de ángeles que alababan a Dios (Lucas 2:13). Y justo después de Su ascensión al cielo, sus discípulos, llenos de gozo, se reunieron en el templo para alabar y bendecir a Dios.

La alabanza está unida a la manifestación de la presencia de Dios. Expresa el gozo que sentimos cuando reconocemos lo grande, lo santo, lo justo que es Dios, y cuánto nos ama. El gozo brota espontáneamente de nuestros corazones cuando estamos ocupados de él, cuando somos conscientes de que escucha y responde a la oración.

La alabanza se produce por el gozo de reconocer la gracia de Dios, por nuestro agradecimiento y nuestra admiración.

El Salmo 22 anuncia por anticipado los sufrimientos expiatorios del Señor Jesús. Desde que Dios le respondió mediante la resurrección, el Señor nos asocia a su propia alabanza: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré” (Salmo 22:22). Este mismo versículo nos muestra la importancia y el valor de la alabanza colectiva. ¡Que nuestra alabanza sea nutrida por la contemplación de Cristo resucitado y glorificado!

Jueces 12 - Apocalipsis 14 - Salmo 145:8-13 - Proverbios 30:15-16