La Buena Semilla: jueves 13 diciembre
jueves
13
diciembre
Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma... Me escuchó Dios... Bendito sea Dios.
Salmo 66:16, 19-20
¡Me hallaste!

Señor, tú me buscaste en medio de una infancia donde faltaba lo primordial. Tú me buscaste en mi andar a tientas hacia un Dios que me parecía tan lejano...

Tú me hablabas, Señor, durante esta guerra terrorífica, me hablabas incluso si yo no reconocía tu voz. Tú me guardabas, Señor, y me protegías. Tú me llamaste, Señor, y me hiciste descubrir la realidad de tu presencia invisible. Me sostuviste en mi desánimo, tuviste paciencia conmigo durante mis retrocesos, mis ausencias, mis obstinaciones, mis rencores ante tu aparente silencio. Tú perdonaste, como siempre, mis alejamientos, mis rechazos a caminar contigo, mis búsquedas sin ilusiones de un mundo donde tú no podías estar...

Tú me protegiste cuando estaba a punto de resbalar por una pendiente muy peligrosa; tomaste mi mano con firmeza y me llevaste al único camino verdadero. Y poco a poco tomaste el lugar que te pertenecía en mi vida, ese lugar que obliga a ser verdadero, a verse tal como uno es, bajo tu mirada. Me enseñaste a aceptar las lecciones que da tu amor, me ayudaste a sacar de mi corazón espinas del pasado, a mirar hacia tu luz, a seguirte en un camino embellecido por tu presencia fiel, enriquecedora, persuasiva, alentadora, permitiéndome avanzar en la paz y el gozo. ¡Tú me encontraste, Señor! Tú me acercaste a ti para darme certezas que nadie me puede quitar.

Me gustaría gritar a los demás que no dejen pasar el tiempo, suplicarles que no hagan esperar a Aquel que les tiende la mano y les dice: “Venid a mí”.

G. A.

Jueces 6:1-21 - Apocalipsis 6 - Salmo 141:1-4 - Proverbios 29:23