La Buena Semilla: Domingo 11 Noviembre
Domingo
11
Noviembre
Jesús... se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.
Juan 13:3-5
El lavamiento de los pies

Era la última noche que Jesús pasaba con sus discípulos. La hora era difícil porque Jesús, a quien nadie comprendía, iba a ser crucificado. Pero deseaba tener esos momentos de intimidad con los suyos para dejarles un último mensaje. Antes de hablarles, hizo lo que ninguno de sus discípulos esperaba: ¡Él, el Maestro, les lavó los pies!

Jesús es Dios “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16); se humilló para cumplir humildemente la tarea de un siervo. Aquel en cuyas manos Dios el Padre había puesto todo, ahora empleaba sus manos para lavar los pies de sus amigos. Algunas horas más tarde, esas mismas manos serían perforadas con clavos, manifestación a la vez del odio de los hombres y del amor de Jesús, que dio su vida por nosotros. Lo que el Señor hizo en la última cena muestra el amor de Dios, que va hasta el final y se expresa en el servicio más humilde.

También es una ilustración de lo que Jesús resucitado, ahora sentado a la diestra de Dios, hace a favor de los creyentes. En la cruz, la sangre del Señor fue derramada para purificarnos de nuestros pecados. Ahora, como Hombre glorificado en el cielo, ora continuamente por nosotros (Hebreos 7:25). Así como se ocupaba de los suyos mientras estaba en la tierra y les lavaba los pies, quiere purificarnos del mal que nos ensucia. Mediante la Biblia, Jesús habla a nuestro corazón y a nuestra conciencia, y nos lleva a la confesión que nos libera (1 Juan 1:9). Su objetivo es hacernos felices, sin sombra alguna, en la presencia de Dios.

Deuteronomio 34 - Hebreos 3 - Salmo 120 - Proverbios 27:11-12