La Buena Semilla: martes 25 septiembre
martes
25
septiembre
Señor Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.
Salmo 30:2
En la calamidad clamaste, y yo te libré.
Salmo 81:7
No buscaba a Dios (2)
Mi primera oración

“Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré” (Salmo 91:15). «Esta palabra de Dios me inquietaba constantemente... Entonces me dije: «No sabes todo, quizá Dios existe realmente». Y siguiendo el ejemplo que da el matemático Pascal, que en aquel entonces yo ignoraba, hice mi propia apuesta. Si Dios no existe, no tienes nada que perder. Pero si existe, todavía puedes ganarlo todo... En pocas palabras dije a Dios: «¡Seamos claros! No creo en ti, pero no soy omnisciente. Si existes realmente, cosa que dudo mucho, no soy yo el que debo encontrarte. ¡Revélate tú a mí!».

Incluso a una fe tan incompleta, el Dios todopoderoso responde. No se produjo nada tangible; mi estado de abatimiento persistió aún largos meses. Pero desde ese momento pasé del mundo del pecado al reino de la gracia. Durante quince largos meses, la convicción de mi estado de pecado ante mi Creador santo y justo no dejó de aumentar hasta que, maravillado, al fin descubrí que su ira, la cual yo merecía, había caído en la cruz del Gólgota sobre su muy amado Hijo, nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

Fue así como el único verdadero Dios, Creador del cielo y de la tierra, Sostén infalible de su creación, Soberano legislador y Redentor de su pueblo, se dio a conocer a mí. En medio de mi admiración, descubrí que ese Dios era totalmente digno de toda mi confianza; y su Palabra escrita, la Biblia, era verdadera, totalmente fiable».

Pasajes del testimonio de J.-M. B.

Lamentaciones 1 - 2 Corintios 13 - Salmo 107:10-16 - Proverbios 24:3-4