La Buena Semilla: Jueves 20 Septiembre
Jueves
20
Septiembre
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
Isaías 43:2
Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.
Salmo 50:15
El horno de fuego ardiente
Lea Daniel 3

Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho una estatua de oro y había pedido a todo su pueblo que la adorase, como si fuese un dios. Pero tres jóvenes hebreos prefirieron obedecer a su Dios. Conocían su primer mandamiento del cual hablamos ayer: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen.... No te inclinarás a ellas... porque yo soy el Señor tu Dios... celoso” (Éxodo 20:3-5). Por lo tanto decidieron no postrarse ante la estatua. Fueron denunciados y llevados ante el rey, quien estalló en ira. Les ofreció una última oportunidad: si se arrodillaban ante la estatua no serían quemados vivos. Pero los jóvenes confiaron en su Dios y respondieron al rey: “Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Furioso, el rey ordenó echar al horno a los tres hombres atados. Pero, ¡qué sorpresa! Solo se quemaron sus ataduras. Los tres hebreos caminaban libremente en medio del fuego, acompañados por una cuarta persona. Era Dios mismo quien estaba ahí con ellos y los protegía del poder del fuego.

El rey, espantado, les ordenó salir del fuego. Y todos pudieron ver el milagro que Dios había hecho a favor de sus fieles testigos.

Dios nunca deja sin respuesta a la fe, incluso si algunos han muerto como mártires. Si tenemos que pasar por la prueba, descansemos confiadamente en Dios. ¡Él nos responderá!

Jeremías 50:21-46 - 2 Corintios 9 - Salmo 106:24-27 - Proverbios 23:23