La Buena Semilla: viernes 15 junio
viernes
15
junio
El Dios de paz... os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos.
Hebreos 13:20-21
El afinador

Observé cómo trabajaba el afinador de piano. Con un dedo de la mano izquierda iba tocando sucesivamente las teclas, mientras con la mano derecha manejaba la llave para ajustar la tensión de las cuerdas. Escuchaba cada nota con una extrema atención. Apretaba o aflojaba, mediante pequeños movimientos, hasta que, de retoque en retoque, el sonido de la nota era el correcto. Es un trabajo que requiere mucha paciencia, delicadeza y exactitud, que solo un oído y una mano ejercitados pueden efectuarlo.

Esto me hace pensar en nuestro Padre celestial, cuyo oído capta todas las palabras, todos los suspiros de sus hijos. ¡Cuántas notas desajustadas, palabras, acciones y pensamientos que lo entristecen, que son intolerables para su perfección! Pienso en el trabajo continuo de nuestro divino Maestro para formarnos, corregirnos, ponernos en armonía con sus propios pensamientos; siento el deseo de pedir al Señor que nos convirtamos en instrumentos dóciles en sus manos; que demos sonidos agradables a él: «¡Afina nuestras vidas según las direcciones de tu Santa Palabra y según el impulso de tu Espíritu! ¡Haz vibrar nuestro corazón para que te alabemos, pon en nosotros tu divina armonía! Tú, Señor Jesús, estás muy por encima de nosotros. En la tierra fuiste constantemente las delicias del Padre. Pero nos gustaría que pudieses sacar de los tuyos algo de ti mismo, una melodía en la que Dios reconozca algunas de las bellezas morales de su Hijo muy amado».

Levítico 25:1-28 - Efesios 4:1-16 - Salmo 71:7-11 - Proverbios 17:11-12