La Buena Semilla: jueves 31 mayo
jueves
31
mayo
La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.
Tito 2:11-12
La gracia nos enseña (2)

Ayer vimos cómo la gracia de Dios se manifestó y nos trajo la salvación y la liberación.

¡Pero todavía hace más! Ella enseña e instruye a todos los que han aceptado la salvación ofrecida. La gracia, que me sacó de la miseria del pecado, ahora se manifiesta en mi vida diaria. Me hace percibir el amor de Dios. Me muestra quién es Dios y qué espera de mí, mucho mejor de lo que lo hacía la ley del Antiguo Testamento. Me produce el deseo de agradar a Dios.

Renunciar a la impiedad y a las codicias mundanas significa echar de mi vida todo lo que desagrada a Dios, y que antes yo aceptaba.

Ser impío es actuar como si Dios no existiese. Es ser independiente con respecto a Dios y a su voluntad. Todo lo que hago sin tener en cuenta a Dios es, en el fondo, impiedad.

Los deseos mundanos abarcan todo lo que el mundo puede ofrecer para seducirnos. ¡Qué variadas son sus propuestas, y con qué facilidad podríamos dejarnos tentar!

El camino que la gracia abre para el creyente es el que Jesús trazó. Seamos sobrios en nuestra vida personal, rectos en nuestros contactos con los demás. Vivir piadosamente es mantener una buena relación con Dios, en el amor, la deferencia, la obediencia, el temor a desagradarle; no con miedo, sino con el respeto que un hijo debe tener ante su Padre que le ama, quien también es el Dios Salvador.

“La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).

Levítico 11:29-12:8 - Romanos 8:18-27 - Salmo 66:1-7 - Proverbios 16:15-16