La Buena Semilla: domingo 5 noviembre
domingo
5
noviembre
(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 5:24
¡Ni condenado, ni siquiera juzgado!

Juicio y condenación tienen un sentido diferente. El juicio precede una eventual condena. El juicio del que la Biblia nos habla es aquel en el cual cada ser humano comparecerá ante Dios como un acusado. La condenación es el veredicto del juicio, juicio definitivo, sin apelación posible, porque es Dios quien lo pronuncia.

El creyente, nacido de nuevo, comparecerá ante el tribunal de Cristo, pero no como acusado para ser juzgado. Al contrario, se presentará como una persona perdonada, y más aún, como un justo, porque sus pecados fueron perdonados. Toda su vida pasará ante sus ojos, bajo el enfoque de la santidad y de la gracia de Dios. “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).

El creyente nunca irá, pues, a juicio, sea debido a su mala naturaleza o a sus pecados. Pero, ¿quién hace tal declaración? ¡El Juez supremo! (Juan 5:22). Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió (Dios), tiene vida eterna; y no vendrá a condenación” (Juan 5:24).

Como víctima expiatoria en la cruz, Jesús “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo” (1 Pedro 2:24). Perdona sin enjuiciar a aquellos por quienes murió. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Tenemos la seguridad de que no hay condenación, ni siquiera juicio, para nosotros los creyentes, ni ahora ni en el futuro.

Job 1 - Juan 19:1-30 - Salmo 119:129-136 - Proverbios 26:27-28