La Buena Semilla: viernes 12 mayo
viernes
12
mayo
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame (de pecado).
Salmo 51:6-7
La oración de la reina

La reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), conocida por su fe, visitó a una señora mayor y a su joven sobrina. Después del té la reina propuso leer algunos pasajes del evangelio de Juan. Luego la soberana se dirigió a la joven y le preguntó si era cristiana. «¡Oh, por supuesto!», respondió la joven. «¿Cómo sabe que lo es?», preguntó la reina. «Majestad, fui bautizada y confirmada». La reina no añadió nada, pero propuso orar. Y oró así: «Señor, abre los ojos de esta querida joven, muéstrale que sin un cambio completo de su corazón no puede ser una cristiana, que las prácticas exteriores no pueden hacer nada para salvarla. Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Salvador».

Más tarde esta joven, al contar aquel suceso, añadió: «A menudo había cantado: Dios salve a la reina (himno nacional de Inglaterra), ¡pero no esperaba que la reina pidiese a Dios que me salvase a mí!».

La salvación que Dios ofrece gratuitamente no depende de un bautismo o de un rito, sino de un contacto personal con Jesucristo el Salvador, mediante la oración y la lectura de su Palabra. Ante el Dios santo solo podemos reconocernos pecadores perdidos, y arrepentirnos. Dios es amor e hizo lo necesario para salvar a los pecadores al dar a su Hijo en sacrificio. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:9-11).

1 Reyes 9 - Marcos 11:1-19 - Salmo 56:8-13 - Proverbios 15:11-12