La Buena Semilla: lunes 23 enero
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El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
Hebreos 12:6-7
Este es mi hijo

Cierto día un transeúnte asistió, de lejos, a una violenta pelea entre dos niños. De repente un desconocido apareció en la escena y tomó a uno de los adversarios por el cuello, lo puso a un lado y lo reprendió severamente. Nuestro espectador consideró que había sido testigo de una flagrante injusticia e intervino enérgicamente: –¿Por qué castiga a este niño? ¡El otro es igual de culpable! El desconocido lo miró serenamente y le dijo: –Es cierto, ¡pero este es mi hijo!

Ese hombre se sentía responsable del comportamiento de ese niño porque era su hijo. Le importaba su educación. Al otro no lo conocía y no tenía por qué corregirlo.

A veces los creyentes pasan por momentos difíciles, mientras que todo parece fácil para los que no piensan en Dios. La explicación está en la sencilla respuesta de este padre: ¡Este es mi hijo!

Si Dios se ocupa de nosotros para educarnos, es una clara prueba de que somos sus hijos. Se preocupa por nosotros y quiere nuestro bien; esta educación paterna es el privilegio exclusivo de los hijos. Es la expresión de su amor fiel hacia ellos.

“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6). “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

1 Samuel 18 - Mateo 15:1-20 - Salmo 16:1-6 - Proverbios 4:14-19