La Buena Semilla: viernes 30 diciembre
viernes
30
diciembre
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Santiago 1:2-4
La vida de la fe

Para algunos, «nacer a la fe» es el resultado de un desarrollo apacible; otros, solo a través de largos debates del espíritu o de circunstancias dolorosas finalmente hallan la paz con Dios.

Pero siempre es la acción de la Palabra de Dios y de su Espíritu la que conduce a la fe. Es un hecho misterioso, pero cierto, porque lleva la marca divina. Es un secreto del alma, indeleble, para cada creyente.

Luego la vida de la fe se hace realidad cotidiana, a través de periodos apacibles o difíciles. Las pruebas subsisten para el creyente, y a veces el hecho de que tiene fe incluso puede provocar más pruebas.

¡Cuánto sufrimiento para el espíritu y el corazón de aquel que es víctima de injusticias, y sin embargo cree en el Dios de toda justicia!

Cuando el creyente Asaf llegó incluso a envidiar “la prosperidad de los impíos” (Salmo 73), cuando constato en mí la ausencia de fervor, del deseo de orar, de leer la Biblia, ¿es perder la fe? El sentimiento de esa falta prueba lo contrario. Reconocerlo ante Dios ya es un hecho de fe. Al hablarle sencillamente de ello en oración, uno cuenta con él para que intervenga. Toma el camino que conduce a volver a hallar la luz, la paz y la confianza en Aquel cuyo amor no ha cambiado.

“Vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22).

“Vuélvenos, oh Señor, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5:21).

Jueces 20:24-48 - Apocalipsis 21:15-27 - Salmo 149 - Proverbios 31:10-24